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Ptr. Abimael Vásquez Gómez
Departamental de Jóvenes en la Unión Mexicana Central A.R.
"Hablan vanidades" (Isaías 59:4)
Cuál es tu mayor pasión? Para algunos son los deportes, las artes o todo lo lúdico; para otros puede ser el trabajo, el dinero o el amor; y para algunos más pueden ser los hijos, la salud o la religión, entre otros. Todo aquello que absorbe, en gran medida, los pensamientos, los sentimientos y las acciones, es lo que se le conoce como las pasiones de los individuos.
Un modo de identificar lo que apasiona a las personas, es escuchando de lo que hablan. En este sentido, en tiempos del profeta Isaías, el pueblo judío reveló su pasión mediante sus palabras. De ellos se dice:"No hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la verdad; confían en vanidades, y hablan vanidades; conciben maldades, y dan a luz iniquidad"(Isaías 59:4). Es decir, Dios no era la pasión de los judíos. Ellos confiaban en vanidades. Su confianza estaba en otras cosas más que en su Dios.
Ahora bien, cuáles fueron las vanidades de las cuales el pueblo judío hablaba tanto y que revelaban la pasión que tenía por ellas? Sin duda, fueron la rebelión y la mentira contra Dios. De ellos se dice:"El prevaricar y mentir contra Jehová, y el apartarse de en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión, concebir y proferir de corazón palabras de mentira"(Isaías 59:13). Es decir, el pecado en todas sus formas fue lo que más apasionó al pueblo judío, pues se deleitaba al hablar de ello(Isaías 59:3). Con justa razón, Jesús dijo:"De la abundancia del corazón habla la boca"(Mateo 12:34).
No obstante, Dios quería ser la pasión del pueblo. Dios deseaba que el pueblo hablara frecuentemente de él, queria que sus palabras giraran solamente en torno a él. Su Palabra dice:"Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: el Espíritu mío que está sobre ti y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre"(Isaías 59:21). Sin embargo, como el pueblo estaba enfrascado en sus vanidades(Isaías 59:5-12), una vida así no podría hablar de Dios y de sus palabras; por lo que era necesario la intervención milagrosa de Dios al enviar al mesías. De él se dice:"Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová"(Isaías 59:20).
Por lo tanto, las prioridades del pueblo en tiempos de Isaías fueron de carácter terrenal. Es decir, Dios no era lo fundamental en sus vidas. Ellos hablaban de otras cosas pero menos de Dios. Eso trajo como resultado una sociedad apartada de Dios e inclinada a destruirse así misma. Está escrito:"El derecho se retiró, y la justicia se puso de lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir"(Isaías 59:14). Empero, Dios quería que el pueblo llevara una vida centrada en él; y en muchas ocasiones, a pesar de su condición, Dios mostró su amor al pueblo, a fin de que el pueblo reaccionara volviéndose a él. Está escrito:"Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él"(Isaías 59:19). Sin embargo, la mayor acción de Dios sería enviarles al mesías, quien al llegar y ser recibido, la vida de las personas tendría un sentido diferente. De él se dijo:"A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron. Mas a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios"(Juan 1:11,12). Es decir, Jesucristo es el Mesías prometido(Mateo 16:13-20). Y en él, por él y a través de él, todas las cosas son posibles(Filipenses 4:13), en especial conseguir la vida eterna(Juan 3:16).
En fin, si aún no aceptas a Dios o si ya lo hiciste, pero tu relación con él es simple o nula, debes tener presente que sin Dios nada podrás hacer. Jesús dijo:"Porque separados de mi, nada podéis hacer"(Juan 15:5).
Por lo cual, decide hoy aceptar a Dios. Decide vivir plenamente para él. Si lo haces, tu vida mostrará lo que debe ser la verdadera pasión del hombre, es decir, a Jesús. Tus palabras seran:"Porque me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado"(1Corintios 2:2). Por tanto acepta a Dios. Decide entregarle tu corazón. Su Palabra hoy te dice:"He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír"(Isaías 59:1).
Silvino Tovar García
Colegio RAGAM, Tabasco, México.