Menu


Ptr. Sergio William Castillejos Toledo
Distrito de Zumpango, Misión Mexiquense
Al noreste del africano país de Nigeria se erigía tímidamente uno de los árboles más curiosos del que se tenga noticia: el árbol del Ténéré.
En 40 km a la redonda, esta acacia sin cualidades extraordinarias evidentes había sobrevivido por más de 300 años en una de las áreas con menor cantidad de nubes del mundo, el sitio con mayor cantidad de luz del planeta, donde pasan años sin ver lluvia, y en el que la temperatura oscila desde los 10 a los 50° a lo largo del año. Ahí, en ese inhóspito ecosistema había un solo árbol que se aferraba a la vida.
En una ocasión, entre 1938 y 1939 se decidió excavar un pozo cerca del árbol, y se documentó que sus raíces se extendían casi 40 metros por debajo de la superficie, y se abastecía de agua desde el manto freático que ahí pasaba. Es curioso que en 1973 este árbol haya sido embestido por un conductor ebrio, que no tenía ningún otro obstáculo a 400 km a la redonda: una verdadera tragedia para un árbol que se había esforzado por sobrevivir.
¿Te ha pasado que parece que todo va mal en tu vida? A muchos nos sucede con cierta frecuencia. Tenemos a Cristo, hemos decidido vivir para Él, y aún así hay ocasiones en que no vemos nada a nuestro alrededor. Pareciera que "la vida se ha ensañado” con nosotros, y los constantes fracasos y desatinos acrecientan nuestra percepción de abandono y desolación.
Esta acacia sin bríos sobrevivió en un ambiente por demás hostil porque gastaba sus energías en subsistir. No procuraba cambiar su entorno, sino alcanzar la provisión de agua que necesitaba. A simple vista, el árbol no tenía ninguna cosa asombrosa, pero por debajo de la tierra, sus casi 40 metros de raíz la mantenían viva. El Salmo 1 habla de quienes se deciden por Jesús, personas que no quieren sentirse cambiadas por el mundo, sino que son "amos y no esclavos de sus circunstancias".
Ellos, de acuerdo con el salmista, son como "árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace, prospera..." (Salmo 1:3-4). Quienes extienden sus raíces hacia Jesucristo, el agua de vida, y "beben del agua que [Él nos dará] (Juan 7:4), no tendrán sed jamás.
La verdadera curiosidad del árbol era que tenía un suministro de agua efectivo, y aunque en la superficie no lloviera, tenía asegurada su existencia. Así pasa con nosotros. Quizá en el servicio a Dios te sientas abandonado, o no veas más que obstáculos en tu horizonte personal, pero no estamos aquí para cambiar las circunstancias, sino para reinventarnos cada día y buscar en Jesús el agua de vida para sobrevivir. El árbol del Ténéré debe recordarnos que la hostilidad externa no determina nuestra supervivencia. Es Jesús, y nuestra dependencia de Él lo que nos dará la victoria.